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SUNSHINE CLEANING
 
El Nuevo Herald

Al olvido sin pena ni gloria
 

Cartel promocional de SUNSHINE CLEANING

Hace mucho tiempo, MGM produjo una serie de cortos de dos rollos y 20 minutos con el título Ocupaciones insólitas. Nunca se les ocurrió enfocar la que examina Sunshine Cleaning, en la que dos hermanas (Amy Adams y Emily Blunt) se dedican a limpiar locales donde tuvieron lugar suicidios, sangrientos accidentes o crímenes bajo investigación policial. La finalidad es que retornen a su previa apariencia, pero siempre les quedarán rescoldos de su leyenda.

El reparto es mejor que la película. Adams es actriz adaptable. De monja previsiva en Doubt pasa a madre soltera de un chico problemático y ocasional amante de un hombre casado (Steve Zahn) con quien pernocta en transitorios moteles. No es muy juiciosa que digamos y tampoco recibe prácticos consejos de su despreocupado papá, Alan Arkin, más o menos repitiendo el rol que le ganó un Oscar en Little Miss Sunshine y para el cual tiene aptitudes cultivadas durante décadas como confiable secundario.

No por mera coincidencia, Sunshine Cleaning comparte medio título con Miss Sunshine, cuyo bullicioso estilo la directora Christine Jeffs imita con alegre disciplina. En su ambiente irracional, las secuencias irrumpen con autoconvicción de ''aquí estoy porque he llegado''. La comedia impone un aire de improvisación y lucha por sostenerlo, pero aquí hay una colección de teleprogramitas de media hora, estirados más allá de lo posible y pegados -como se decía en épocas zarzueleras- con saliva de cotorra.

Por más que la eficiente Adams pone de su parte, el guión de Megan Holley no le da sólido perchero donde colgar su versatilidad, y por la brecha se le cuela Emily Blunt para apoderarse y apellidar la huérfana película. Blunt es impenitente ladrona de escenas y se atrevió a hurtarle pedazos de Devil Wears Prada a la temible Meryl Streep. En Sunshine -igual que en la reciente The Great Buck Howard- no tiene rivales capaces de intimidarla. Domina cada una de sus escenas pero, estimando la oposición en batalla, su victoria es pírrica.

No se puede alegar mucho a favor o en contra de este sainete tan limpio como su título. Se pasa hora y media en el cine sin pena ni gloria y, de aquí a un par de años, a quien le obliguen a recordarla so pena de muerte tendrá que suplicar piedad y venda en los ojos ante el pelotón de fusilamiento.


Fuente: Rene Jordan - EL NUEVO HERALD, 3 de Abril de 2009

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