LA VANGUARDIA Mártir del rock
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Control es un emotivo biopic en torno a la figura de Ian Curtis, líder y vocalista del grupo de punk rock Joy Division, que se ahorcó jovencísimo, a los 23 años, dejando para el futuro la estela de mito, de mártir de la música ¿Motivos del suicidio? La película intenta dar con ellos, labor difícil e irresoluta pese a que hay pistas: los frecuentes y brutales ataques epilépticos, un matrimonio conflictivo con Deborah Curtis (en cuya autobiografía se inspira Control), relaciones no mucho mejores con una amante, y un profundo vacío existencial. Varios filmes también de mérito vienen a la memoria viendo Control. Uno, obviamente, 24 hour party people, el espléndido fresco de Michael Winterbottom. Otros dos serían Sid y Nancy, de Alex Cox, retrato de Sid Vicious y los Sex Pistols, y Backbeat, de Ian Softley, sobre Stu Sutcliffe, el quinto Beatle, de vida trágica como Curtis: murió a los 21.
Y es que en todas estas películas late la sinceridad, la auténtica pasión por lo que se cuenta, el conocimiento de causa. No en vano, el director de Control, el holandés Anton Corbijn, fotógrafo (ilustrador de portadas de discos y realizador de videoclips de artistas señeros), se instaló en Londres en 1979, para estar cerca de Joy Division y Curtis, para fotografiarlo y empaparse de su espíritu. Amar al biografiado podría tener sus consecuencias, pero el acierto de Corbjin, que ha rodado su película en blanco y negro para transmitir con propiedad casi documental la época, es evitar la hagiografía; en ningún momento santifica a Curtis. Impecable el trabajo del desconocido Sam Riley dando vida al cantante, a quien se parece y cuyos espasmos imita con genio.
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