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ADVENTURELAND
 
El Nuevo Herald

Un excelente aperitivo
 

Cartel promocional de ADVENTURELAND

En Roger Dodger y The Squid and the Whale, Jesse Eisenberg se confirmó como actorcito introspectivo que parece observar la trama a prudente distancia. Esa sutil desconexión resulta ideal para el rol de James Brewster, virgen a los 22 años, renuente al medio ambiente y obligado por la recesión de 1987 en Pittsburgh a abandonar filosóficos estudios y colocarse en Adventureland, nada divertido parque de diversiones.

James vence su natural timidez al enamorarse de Emily, pero entre los dos se interpone un abismo. Emily es Kristen Stewart, joven actriz que casi aventaja a Eisenberg en solipsismo. Apenas sonríe, deambula casi sonámbula y por natural desidia se deja seducir por Connell (Ryan Reynolds), Donjuanete casado que tiende a definir el sexo como mero imperativo biológico.

En Adventureland, el guionista/director Greg Mottola subraya su idiosincrático estilo, ya insinuado en Daytrippers y Superbad. Más le interesa la psicología de los personajes que las relaciones de unos con otros. No sólo James, Emily y Connell prefieren encerrarse dentro de sí mismos, sino que el resto del reparto sufre de igual individualismo agudo.

La sexy, exhibicionista Lisa P. (Margarita Levieva) imita con sus actitudes a la Madonna de 1987 y es abeja reina que atrae con su miel a los zánganos, pero los trata con anafrodisíaca indiferencia. Joel (Martin Starr) está loquito por Lisa, pero ni se atreve a acercarse y prefiere citar a Gogol o soñar con algún día redactar el próximo Moby Dick. Los administradores de la feria son Bobby (Bill Hader) y su mujer (Kristen Wiig), tan prácticos y prosaicos que hacen cómico contraste entre sus excéntricos empleados.

En esa breve sinopsis, se capta que cada uno de los brevemente referidos merece por sí solo una película para profundizar rarezas. Entre tantos estrenos ayunos de personalidad propia, llega Adventureland para pecar al revés y lucir superpoblada. Sólo James y Emily llegan a resolución (un poquito ramplona) de último minuto, pero uno continúa preguntándose en qué pararon el literato Joel, la casquivana Lisa y el mentiroso Connell, que se vanagloriaba de falsa colaboración musical con Lou Reed.

Astutamente dialogada, con buenos actores sensitivamente dirigidos, la película satisface y frustra al mismo tiempo. Se conforma con menos cuando es obvio que da para mucho más. Es el plato fuerte que a Greg Mottola se le quedó en el fogón, con más ingredientes de la cuenta y a medio condimentar. Adventureland es sólo el aperitivo.


Fuente: Rene Jordan - EL NUEVO HERALD, 10 de Abril de 2009

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