El Nuevo Herald Efímera eternidad
| |
Sin darle importancia, a veces un golpe de suerte determina el futuro. Eso sucedió cuando Maria Larsson se ganó una cámara en la lotería. Acudió a venderla en el taller del fotógrafo Jesper, pero él la disuade y la enseña a utilizarla. A través de medio siglo, Maria eterniza instantes y el director Jan Troell los cataloga en la excepcional Everlasting Moments.
Maja Larsson, la hija mayor de Maria, narra cómo su madre emigró en 1901 de Finlandia al puerto de Malmo, en Suecia. Se casó con el estibador Sigfrid (Mikael Piersbrandt) y con él tuvo seis hijos, a pesar de que su hogar fue prisión sin rejas. Borracho y adúltero, Sigfrid la golpeó hasta el punto de intervenir las autoridades y mandarlo a presidio, pero Maria Larsson fue capaz de aceptarlo todo con tal de tener comida en la mesa, un techo para albergar a los suyos y su cámara para dejar constancia de la existencia en familia.
El incidente con esa cámara de inesperado premio le da nueva perspectiva. El bondadoso fotógrafo la inspira a salir de casa y captar imágenes también inesperadamente premiadas en Malmo. Poco antes de morir y por casualidad ante un espejo, Maria se enfocó con el lente. Es el único retrato que de ella queda y le da punto final a una película de emotividad ejemplar.
Jan Troell no tiene la fama de Ingmar Bergman como preeminente cineasta sueco, pero The Emigrants y The New Land certifican su talento. En Everlasting Moments redacta el testimonio vital de una época, en luminosa fotografía, vestuario y diseño interior. Es como visitar el mundo de ayer, década por década, en compañía de una espontánea artista que allí existió, simultáneamente al margen y al centro.
Maria Heiskanen no parece una actriz siguiendo un libreto, sino un ser humano que va de la risa al llanto, subsistiendo y envejeciendo entre domésticos quehaceres cotidianos. Es un trabajo de sutileza asombrosa, de esos que injustamente no vienen a la mente a la hora de repartir anuales trofeos. De particular delicadeza es la relación con el fotógrafo Jesper (Sebastian Pedersen), con sugerencia de un mudo romance que nunca se atreve a decir su nombre, ni siquiera a pensarlo.
Maja Larsson (1902-1999) celebró el sacrificio y el triunfo silencioso de su madre en memorias aclamadas en Suecia. Jan Troell las adapta con infinito tacto en 131 minutos que se van como en un suspiro porque el escueto drama no tiene desperdicio. No deje pasar este tributo que le obsequia a Maria Larsson su brillante parcela de eternidad.
| Comentarios (0) | ||