EL MUNDO Velocidad de videojuego
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El negocio de las sagas parece asegurado y esta enésima entrega de la vertiginosa y hueca 'A todo gas' cumple con todos los requisitos para convertirse en infalible reclamo entre públicos poco dados a la reflexión, forofos de la acción y de la violencia espectacular articulada sobre un argumento inexistente, más allá de cuatro indicios inconexos de relaciones de amor y odio, de ambición indiscriminada y de sed de venganza entre los desdibujados protagonistas.
El musculoso Vin Diesel, con la expresividad que le caracteriza, capitanea este aburrido entramado de delincuentes sobre ruedas, de amistades traicionadas y demás lugares comunes.
Las secuencias de velocidad se resuelven con la lógica anodina de los videojuegos y las de reposo en términos vulgarmente publicitarios, encuadrando con la misma lujuriosa plasticidad los alerones de los coches tuneados y los culos lustrosos de las chicas de calendario que se morrean y se insinúan en torno a las idas y venidas pretendidamente trascendentes de los protagonistas.
Lo +: La eficacia y el virtuosismo del robo de una serie de depósitos de gasolina a un camión desbocado.
Lo -: La incongruencia de cada giro dramático y el encefalograma plano de los personajes.
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