ABC ¿Dónde me olvidé la fórmula?
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Christophe Barratier y Gérard Jugnot, director y protagonista de «Los chicos del coro», uno de los grandes éxitos del cine francés y europeo del último lustro, se reúnen de nuevo con intención de asaltar la cartelera en un intento legítimo, pero no del todo acertado, de reverdecer laureles. El tándem recupera el gusto por el pasado, por la música y por los escenarios, aunque los niños cantores se han ido a la cama o han crecido. El drama y la comedia también se aplican en similares dosis, aunque los tiempos han cambiado. A saber: en 1936, un viejo teatro del barrio Faubourg de la capital francesa lucha por sobrevivir a la crisis eterna. Año y lugar de la batalla dan título al filme en su versión original («Faubourg 36»), aquí rebautizado con instinto tartaja y tanto ingenio como lució aquel portadista que glosó algún viejo triunfo deportivo patrio con un «España, España» cuyo eco aún resuena en los mentideros. (Y sin embargo, «Europa, Europa» era una gran película, argüirá el aficionado).
Más allá de lecturas sindicalistas y simplistas, de la pelea obrera y de las ilusiones pisoteadas (pasan las décadas y nada cambia), la cinta se atasca a mitad de representación. Los actores tienen oficio y el mensaje no es un disparate, pero la emoción ha hecho un inesperado mutis. ¿Nos hemos vuelto insensibles? Es posible, pero cuando hace años que la realidad se merendó a la ficción, estos bocados de utopía con la tramoya al aire libre también repiten. O puede que al cine no le sienten bien las fórmulas. Pruébelo usted mismo.
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