LA RAZON Nada es lo que parece
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Aunque en ocasiones peque de cierta cursilería sentimentaloide, que el director Giusseppe Tornatore cuenta casi siempre con el favor del público no deja de ser tampoco una verdad grande como un castillo francés: «Cinema paradiso» (menudas adhesiones obtuvo en 1988), «El hombre de las estrellas» (1995)... y «Todos están bien» (1990), de la que ahora presenta Hollywood, poblada de guionistas sin ideas, unos no muertos colapsados de la creación, su consabido «remake». Protagonizada por el fieramente humano Marcello Mastroianni, aquel lacrimógeno filme narraba el solitario día a día de un viudo que decide emprender un largo viaje para visitar a unos hijos descastados y dispersos por medio país. Como Paco Martínez Soria pero sin la cabra y la boina, para entendernos, aunque la cinta encierre, sin embargo, una lección moral de corte bastante análogo.
Robert de Niro, que aparenta andar un poco despistado en la profesión observadas las producciones en las que se ha metido últimamente, acertó con todo el día en que dio el sí quiero al personaje de Frank, un hombre cansado de regar y hablarle a los geranios que, aunque enfermo, decide pillar el autobús y atravesar EE UU de un lado a otro para visitar a la parentela. Lo que descubre a poco que rasca las fachadas de mentiras es que ninguno de los cuatro vástagos es feliz precisamente, aunque lo disimulen malamente: por ejemplo, Rosie (Drew Barrymore, lo mejor del filme junto a un introspectivo y sobrio De Niro) esconde una confusa identidad sexual, mientras que David es un pintor de cuadros raros adicto a las drogas. Menos blanda y melodramática que la original, no obstante la cinta podía haber tensado más la cuerda de la desolación y el desconcierto que envuelve a esta familia rota desde la ausencia de la madre. Acostumbrados a mentir y mentirse, Frank acaba también descubriendo sus propias equivocaciones, y que cerró los ojos. Porque, dicen, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y están en lo cierto.
LO MEJOR: las escenas entre De Niro, que de exagerado no tiene aquí nada, y una notable Drew Barrymore
LO PEOR: que el director se «arrugase» y no decidiera echar toda la carne dramática en el asador
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