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Las mejores películas malas II
 
Opiniones

«Dirty Dancing»
 

Jennifer Grey y Patrick Swayze en una escena de 'Dirty Dancing'

La semana pasada nos pusimos en contra a muchos aficionados al género de terror con la inclusión en esta lista de «La matanza de Texas». Hoy se nos echarán encima, en el mal sentido de la expresión, miles de féminas. Pero que el miedo no nos haga perder la honestidad. «Dirty Dancing» es una de las películas más ñoñas y empalagosas que se han llorado en una sala. Mal interpretada, con una pareja protagonista sin talento ni carisma, puso de moda un subgénero dañino y a un actor al que no deseábamos tanta desgracia.

Patrick Swayze es un instructor de baile fuertote y ágil, pero con menos registros interpretativos que el monstruo de las galletas. Lo de menos es que compusiera una canción. La olvidada Jennifer Grey, por su parte contratante, se enamora como lo que es, una adolescente de engañosa mojigatería, mientras Emile Ardolino Sensacionalista desde el título, lanzó a un mal actor y trastornó a las chicas (cuyo mayor éxito posterior fue meter a monja a Woopi Goldberg en las películas de «Sister Act», que el de arriba le pillara confesado) traza una historia discretita, veraniega y menos profunda que las andanzas de Chanquete, para entendernos por estos lares.

En cuanto a la historia, muestra la pasión rítmica entre una chavalilla de 17 años y un adulto con tupé. Mejor no entrar en disquisiciones legales. El guión también introduce, para despistar, pinceladas sobre la lucha de clases. Pero la verdadera causa de que miles (millones) de personas recuerden la película con cariño es el efecto nostalgia, fenómeno directamente proporcional al tiempo transcurrido desde que fue vista la obra.

Si el lector tiene valor, le invito a que recupere este título capital del mal cine de nuestras vidas y compruebe lo impostados que son sus diálogos, lo falsos que parecen los ambientes barriobajeros. Cuando el guión o la situación exigen a Swayze un gesto, al hombre le faltan músculos faciales. Cuando se hace el duro, como diciendo «qué pasado tengo», uno sólo puede pensar en lo duro que será su futuro, con la ventaja cruel de que además ya lo sabe.

Ahora bien, si lo que quieren es reconciliarse con su pecadillo de juventud (todos hemos admirado cosas que no han soportado la prueba del tiempo), consigan una copia de la segunda parte, en la que incluso salía Diego Luna. El original les parecerá una obra maestra.


Fuente: Federico Marín Bellón – ABC, 26 de julio de 2010

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