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Una Semana de Cine
Todos somos libres de opinar como mejor creamos, y en mi caso pienso seguir haciéndolo, soy periodista y creo que es mi deber trascender más allá de lo que es una película, una interpretación. Me gustaría que pudieran entenderlo y asumirlo, incluso desde la total discrepancia, pero si no es así que sepan que no voy a cambiar a estas alturas. Ni para bien, ni para mal. Y dicho esto, si les parece vamos directamente al cine.
En primer lugar encontramos un brillante guión Jeff Nathanson que cuenta la historia de Frank W. Abignale, uno de los más espectaculares estafadores que ha dado la historia. Empezando por el final, para reforzar la idea de historia cerrada, asistimos a una serie de episodios donde nuestro protagonista se hace pasar por piloto, médico y abogado, estafando varios millones de dólares a bancos y compañías de aviación como la Pan American. Paralelamente Carl Hanratty, agente del FBI, le perseguirá sin descanso hasta su captura. Los distintos episodios están presentados con singular agilidad, dando los matices necesarios para mantener el interés en todo momento. Se trata de capítulos aislados que logran formar un todo manteniendo una homogeneidad notable. Un guión que monta un rompecabezas de modo casi perfecto, si exceptuamos la habitual dosis moralizante que no encaja con naturalidad en el conjunto. Pero vayamos por partes. Los títulos de crédito un autentico deleite donde Agnès Deygas y Thierry Kuntzel sobre la partitura de Williams nos retrotraen al estilo de los sesenta, precisamente la época donde se ubica la película. Asistimos a un corto animado, divertido, ilustrativo y muy ágil, que resume perfectamente lo que veremos en los 140 minutos siguientes. En otras palabras una historia que ya conocemos, pero cuyo interés radica en el ‘cómo’ sucederá en lugar del habitual ‘qué’ sucederá. Me ha gustado cómo se describe la vida familiar de ‘ensueño’ que pronto contrastará con la cruda realidad. Reconocimiento público, baile en casa con cualquier excusa, etc... Qué pocos datos se necesitan para exponer una situación tan falsa como la vida del protagonista. De especial interés para la trama resultan los preparativos y la propia visita al banco. El padre de DiCaprio intenta aparentar lo que no es para salir del problema en que se encuentra y enseña a su hijo una lección que no olvidara: ‘Los Yankis ganan a sus rivales porque estos ven su uniforme de rayas y sólo con eso sienten miedo’. DiCaprio aprende la lección y en su primer día en el colegio público se hace pasar por profesor sustituto de francés sin que nadie perciba el engaño en semanas. En su espera ante el despacho del director ilustrará a una compañera en el arte del engaño. El joven adolescente comprueba muy pronto como las cosas no son lo que parecen, muy al contrario pueden ser tal y como se ven. El siguiente paso en ‘su carrera’ será lo que sucede al vestirse con uniforme de piloto de las líneas aéreas. Cómo la apariencia sirve para que todo sea diferente. Cómo el protagonista se va dando cuenta que todos los intentos antes fallidos ahora funcionan. Fíjense como a la vez muestra la supuesta credulidad de una sociedad que según vemos solo mira las apariencias sin trascender más allá de lo que la vista les muestra. Todo sigue rodado y siguiendo el mismo sistema asistimos a su primera seducción femenina, vemos como improvisa aplicando los conocimientos ‘heredados’. Como aprende sobre la marcha, la sencillez narrativa, la economía de escenas. Todo queda a simple vista con una simplicidad aparente realmente compleja. La comida con su padre, el primer punto culminante del film. Disfruten la interpretación, disfruten lo que muestra el director y el guionista, y por supuesto disfruten todas las claves de comunicación no verbal presentes en el dialogo. No necesitamos más para entender cómo es esa relación padre-hijo, esa relación biunívoca donde no se necesita la palabra para expresarse y entenderse. Seguidamente llega el primer encuentro entre DiCaprio y Hanks. Un duelo interpretativo memorable, una planificación secuencial extraordinaria, una demostración de cómo la tensión contenida que se supone en tal situación se traslada con absoluta naturalidad y profundidad al espectador. Y todo ello con simplicidad aparente, que no real. Les aseguro que la puesta en escena de una secuencia de estas características resulta realmente difícil y complicada. Recuerden que solo dura tres minutos cuarenta segundos, aunque la sensación temporal sea mucho mas larga.
Continúa la trama y llegamos a la primera llamada navideña, donde empieza a dibujarse las bases de la relación entre perseguido y perseguidor, donde una vez más vemos cómo la verdad dicha con naturalidad no siempre goza de credibilidad. Un Hecho tan cierto como la sucesión de las estaciones. El encuentro entre Hanks y Walker es otra pieza de las que justifican una película: Poco más de minuto y medio que sirve para enunciar todo lo que es, y cómo es, una relación entre padre e hijo, una lección de lealtad, aún cuando previsiblemente no existe un total acuerdo. Otra escena para el recuerdo. La cena en casa de la novia de DiCaprio es otro momento destacable. Descriptiva, sin resultar recargada, con toques de humor, se convierte en otro momento álgido de la trama. También hay que destacar la conversación posterior con Charlie Sheen donde una vez más vemos cómo la sinceridad no siempre es bien recibida, ni siquiera aceptada. Habitualmente vemos lo que queremos ver, única y exclusivamente. Seguidamente asistimos a una nueva reunión entre padre e hijo, él quiere parar, pero su padre le anima a seguir, no hay opción para el perdedor, ha elegido un camino y debe seguir mientras pueda. No hay más salidas. Un motivo emotivo que nos brinda Spielberg en la historia. Nueva llamada a su perseguidor, con el vano intento de buscar un cese en la persecución, el vano intento del forajido para vivir una ‘vida normal’ y familiar, para tener la oportunidad de ‘echar raíces’; pero como no hay opción como se verá seguidamente en la fiesta de ‘pedida de mano’. Hay que seguir huyendo sin tregua. La secuencia del Aeropuerto, nuevamente el protagonista debe improvisar sobre la marcha, no hay para recoger a su novia, hay que elegir entre la huida y el amor. No hay opciones, y vuelta a empezar: adquirir una nueva personalidad y escapar como sea. Esta vez será un viaje concurso de azafatas, y nuevamente las apariencias logran su objetivo. Unas jovencitas vestidas de azafatas con un piloto entre ellas sirven para evadir a todos los agentes del FBI que le persiguen. El encuentro en Francia, Hanks le convence para que se entregue, no siendo absolutamente sincero, pero ya conocen lo de ‘entre pillos anda el juego’. Con el tiempo ha aprendido la necesidad de usar alguno de los métodos del perseguido si se quiere conseguir el objetivo. DiCaprio ha sido apresado y sus ‘correrías’ han llegado a su fin. También quiero destacarles la visita a la casa de su madre donde nuestro protagonista, tras conocer la noticia de la muerte de su padre, comprueba que tiene una hermana, que su madre ha formado otra familia y que no parece tener lugar alguno en ella. Todo ello con un plano simple, la vista a través de una ventana. Después de esto, la cárcel no parece tan mala opción. Finalmente, y para no eternizarme, les reseño el nuevo intento de fuga cuando DiCaprio ha decidido ‘integrarse’ en la sociedad. Hanks le sigue, pero no para detenerle. Sólo le hace ver la situación: Para qué huir si nadie le persigue. Evidentemente no he comentado todas las secuencias, me he limitado a las más destacadas o representativas, pues tampoco quiero cansarles. Me he dejado todo el proceso de la ruptura matrimonial, todo el proceso de emancipación del joven adolescente que no es capaz de sobrevivir por sus medios, y por dejarles alguna sorpresa el desenlace o si se prefiere epílogo.
Ya hemos descrito lo más destacable de su trabajo en la exposición anterior, por lo que no procede insistir más. Sólo un pero le ponemos a su trabajo como hemos señalado: ese intento moralizante tan de su agrado. Pero nadie es perfecto. De todas formas prefiero quedarme con los aciertos, con esta película tan deliciosa sin necesidad de recurrir a los efectos especiales. Otro punto que no podemos olvidar son las brillantísimas interpretaciones de los actores. Leonardo DiCaprio como Frank W. Abignale logra una composición ejemplar, que nos recuerda su calidad como actor ya demostrada en ¿A QUIEN AMA GILBERT GRAPE? y VIDA DE ESTE CHICO. Un trabajo alejado de TITANIC o tonterías como LA PLAYA, donde logra dar todos los registros necesarios del personaje; desde los momentos más cómicos, hasta los más dramáticos o tiernos. Un autentico deleite de principio a fin. De Tom Hanks poco se puede decir. Como actor ha llegado a un punto donde haga lo que haga lo hace bien, y esta vez no es una excepción. Como Carl Hanratty es capaz de componer una interpretación sólida, sobria, matizada al detalle, dándole la réplica en todo momento a DiCaprio, sin colocarse ni por encima, ni por debajo. Una autentica demostración de generosidad al cederle el protagonismo porque la historia así lo requiere. Realmente Hanks fascina como actor y como persona o si se prefiere estrella. Ya para terminar con el cuadro artístico, una mención a Christopher Walken, que una vez más ha brindado una interpretación portentosa, creíble y realista como el padre del joven estafador. Nunca ha sido una estrella, pero qué buenos ratos nos ha hecho pasar este actor en las salas de cine. Es increíble como trasmite un sentido del humor, una decepción, una desesperación o simplemente la proyección de su ‘sueño imposible’. Finalmente alguna mención al cuadro técnico. En primer lugar reseñar la dirección artística, un trabajo excepcional que recrea perfectamente la América de los sesenta, un auténtico lujo para la vista. También merece mención especial John Williams, que tras composiciones más o menos reiterativas, nos ofrece una partitura deliciosa, ajustada a la imagen que vemos en pantalla, con su habitual toque personal, pero sin caer en la mencionada reiteración habitual. Me ha encantado comprobar como Williams sigue en forma. La fotografía de Janusz Kaminski, habitual en las producciones de Spielberg aporta un colorido inusual, plagado de luz, que aporta el supuesto optimismo de la ‘época dorada’, en contraste con la fotografía oscura y fría de los momentos de mayor tensión dramática. El montaje de Michael Kahn (también fijo en el cine del creador de ET) se convierte en un pilar imprescindible de esta narración, haciendo posible un ritmo rápido y ágil, donde más de dos horas pasan como un suspiro para el espectador. Poco más. No creo que tras todo lo expuesto el lector tenga excesiva dificultad para entender que ATRAPAME SI PUEDES es una película muy recomendable para todos los aficionados al cine. Estamos ante un film que con algún altibajo mantiene una calidad e interés indudable. En definitiva una gran película de Steven Spielberg.
La historia es bastante simple. Una mujer asesina a su amante por celos, o más bien por despecho, y como consecuencia de tal actuación su hija se verá obligada a vagar de hogar de acogida en hogar, cuando no de orfanato en orfanato. Todo un recorrido donde la adolescente tendrá que encontrar su personalidad, su ‘lugar en la vida’ pese al lastre que representa la turbadora presencia de su madre, quien trata de imponer su peculiar concepto de ‘perfección’ en su hija. Las bazas de esta cinta se encuentran, como hemos apuntado, en su cuadro artístico femenino y de forma especial en la extraordinaria y sensacional presencia y composición de Alison Lohman quien con absoluta normalidad asume el peso del protagonismo absoluto de la historia, como hilo conductor de la historia y como personaje que atraviesa una total metamorfosis durante la historia. No exagero si afirmo que a efectos reales Alison Lohman compone cuatro papeles diferentes en uno. Michelle Pfeiffer fascinante como siempre en su breve y turbadora interpretación. Es increíble como esta mujer aguanta el tipo, y el plano, trasmitiendo con el gesto, o con la mirada, tal cascada de sensaciones y sentimientos. Siempre es un placer singularmente gratificante ver a esta mujer en pantalla. Por
su parte Robin
Wright (me niego a ponerle la tontería del ‘Penn’) resulta correcta
como la peculiar cristiana integrista y Renée Zellweger no pasa de
funcional como la actriz venida a menos, emocionalmente inestable, que no
soportará el peso de su propia existencia. Poco
más, únicamente añadir que Peter Kosminsky, como director, logra
momentos muy buenos en la película, apunta formas, pero también cae en
defectos típicos del telefilm dramático de sobremesa, dicho sea de paso
su procedencia profesional. Una lástima porque la película podía haber
sido mucho más de lo que finalmente hemos visto. Esperemos que la próxima
lo haga mejor, o al menos se olvide de los ‘vicios’ típicos del
producto televisivo. En resumen: LA FLOR DEL MAL es una interesante propuesta sobre la evolución de una adolescente que tiene que vivir a medio camino entre distintas familias de adopción y orfanatos. El mayor aliciente se llama Alison Lohman, así como la eternamente fascinante Michelle Pfeiffer, sin olvidarnos de Robin Wright y Renée Zellweger.
La
historia nos presenta aun Robert de Niro en la cárcel, que sufre más de
un intento de asesinato. Para evitar tal riesgo decide simular una manía-depresión
que le lleva de cantar reiteradamente ‘West Side Story’. En vista de
su proceso mental aparece de nuevo Billy Cristal quien tendrá que
‘tratarle’ durante unas semanas, con vistas a su posible libertad
condicional... El resto pueden imaginárselo. Poca
cosa aporta la nueva entrega, demasiado rutinaria, demasiado predecible. Sólo
algunos momentos del dúo protagonista que mantienen su punto de inspiración
e interés (en algunos de los ‘gags’), así como la presencia de Joe
Viterelli, como Jelly. El resto sinceramente no merece la pena. Lo
dicho, si usted esta entre los fans de UNA TERAPIA PELIGROSA es posible
que OTRA TERAPIA PELIGROSA resulte de su agrado e interés, si no es así
prefiero que tomen ustedes mismos la decisión, yo declino la
responsabilidad de pronunciarme al respecto.
La
historia, resumida, cuenta la vida de un "transportador", es
decir, un chófer que gracias a su pericia al volante, consigue trasladar
todo tipo de mercancías o personas, y casi siempre al margen de la ley.
Eso sí, sin preguntas de por medio. Se gana muy bien la vida, ya que
mantiene una serie de reglas invariables para que las cosas salgan siempre
bien. Reglas como, por ejemplo, no modificar nunca el trato, o nada de
nombres, y sobre todo, no mirar nunca lo que lleva. Pero un buen día, y
en lo que parecía ser un trabajo rutinario, la cosa se le complica más
de lo que nunca habría pensado... El resto son explosiones, tiroteos,
misiles, más persecuciones... Lo que se imaginan. No
voy a perder ni un minuto más con esta película, dicho en otras
palabras: en cuanto a
TRANSPORTER ponemos un cero al cociente y bajamos la siguiente.
Sinceramente es mala de mala, mala de peor, mala de pésima. Mas claro:
Agua.
La
cinta narra la historia de Jacobo (Juan Diego Botto), un joven escultor
atrapado en la espiral de una vieja historia familiar de la que lleva
huyendo muchos años. Su padre (Luis Tosar), un escultor de prestigio
siempre había soñado colocar una de sus obras en la catedral de Santiago
de Compostela. Falleció la noche en que se iba a marchar de casa con su
hijo. A todas luces su madre presa de un ataque de nervios mató a su
padre... O al menos eso parece a simple vista. Me
gusta el comienzo, promete, pero Xavier Villaverde (el director) pronto se
enzarza en una tela de araña con varias tramas superpuestas de las que no
sabe salir. Recursos simples y fáciles como la explicación del un suceso
a través de los sueños o alucinaciones varias, no sirven como solución
a una historia tan pretenciosa. En
cuanto a los actores debemos calificar en primer lugar como muy deficiente
la composición de Luis Tosar, quien debe creerse que ‘poner caras’ de
miedo es sinónimo de trasmitir miedo. Juan Diego Botto tampoco termina de
convencer, cayendo en demasía en la sobre interpretación. Todo lo
contrario sucede con Marta Etura, lo mejor del film con diferencia, quien
ofrece una interpretación que salva parte del naufragio, especialmente en
la secuencia de la casa de la playa, que prefiero no comentarles para no
destriparles el final del film. Lo
dicho, salvo que usted sea incondicional del género de terror, o de la
vertiente hispana de tal estilo, mejor se abstiene de ver estas TRECE
CAMPANADAS. Si el terror es lo suyo, puede que encuentre algún aliciente
en la cinta, al margen de la citada Marta Etura.
La
historia es una especie de recreación del mito de Fausto, donde una serie
de personajes tienen la oportunidad de conseguir todo lo que desean a
cambio de algo naturalmente. Unos buscan dinero, amor, sexo; otros quieren
muerte, venganza.... Y en medio de todos el destino que hace girar
nuestras vidas. Me
ha gustado el intento de narrativa angular, contando la historia desde la
vivencia de los distintos personajes, pero se queda en un intento. Este
guión, teóricamente perfecto, termina por no interesar a nadie, por no
ser creíble para nadie. Ni Pepe Sancho, ni Pilar Bardem, son capaces de
poner interés a la historia. Un
apunte más: algunos pensábamos que ‘el cine de destape’ ya había
pasado a la historia, pero parece ser que José Miguel Juárez ha decidido
resucitarlo. Las actrices lucen bien, no hay duda, pero los desnudos
quedan tan forzados y absurdos que ni en LOS BINGUEROS. A ver si se
enteran algunos, que los espectadores ya no acuden al cine por ‘eso’,
que la crisis no se solventa así. Que hay que trabajar más, ofrecer
buenos guiones, historias de interés. Lo
dicho: COSAS DE BRUJAS mejor la dejan para las brujas, que al fin y al
cabo no hay que llevarle la contraria a su autor. No son cosas de
espectadores, no son cosas de aficionados al cine, son cosas de brujas y
para los entes paranormales las dejamos. Muy
poco más por hoy. Esta semana se estrenan nueve películas, de las cuales
he tenido ocasión de ver tan sólo THE GOOD GIRL, que no está mal pero
uno acaba hasta donde imaginan de ver a la chica siempre en el mismo sitio
y de igual forma vestida, pero eso se lo cuento la semana que viene. Hoy
quería comentarles CHICAGO, pero me ha quedado tan extenso, que mejor lo
dejamos para otra vez. Si les avanzo que está muy bien la película,
aunque no tiene nada que ver con MOULIN ROUGE, salvo algún que otro
movimiento de cámara, que la historia empieza a través de un ojo y...
Todo esto y mucho más será materia para dentro de siete días. Hasta
entonces les deseo una muy feliz semana.
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