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COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO     Calificación:   ★★
 
ABC

La gomina y sus males
 

Cartel promocional de COMO EN CASA EN NINGUN SITIO

¿Qué nos atrae? El desparpajo, la frescura, la originalidad, la trasgresión inocente de las reglas sociales, los jetas simpáticos, el salirse de la raya... De todo eso -más la explosión desenfadada de unos cuantos tarados reflejados en unos «sketchs» ingeniosos, marginados en sí mismos- nos ofrece Seth Gordon durante casi una hora de proyección.

Así que de una película en apariencia inerme, la clásica tontada norteamericana, se empieza uno a creer cosas y, sobre todo, se empieza a caminar hacia un mundo surrealista formado por una serie de familias partidas a cual más descerebradas. Se consigue así entrar en la cabeza alborotada de unos personajes pintorescos, absurdos e irreales.

Y de pronto, en el desenlace, a esa retaca con ojos de chihuahua que atiende por Witherspoon le da un «yuyu» ordenado y ridículamente impuesto por los directivos de márketing de Hollywood para mandar, de inmediato, todo el trabajo a la basura. Una bajada de pantalones total ante los convencionalismos sociales, una repetición de lo visto mil veces: la familia y los hijos ante todo, la casa, las facturas, la televisión, la hipoteca, todo a la espalda de los que habían logrado eludir con imaginativa habilidad la misma farfolla aburrida de siempre. Una estúpida manera de tirar al vertedero un buen planteamiento y una cierta frescura que acaba en nada, en el mismo pergamino ajado de siempre. Habría que hacer algo con estos directivos «mataartes» de gomina en la cabeza y nada dentro, y que no fuera bueno.


Fuente: José Manuel Cuéllar - ABC, 19 de Diciembre de 2008

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