LA VANGUARDIA Una sociedad sin perdón
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Cumplió 78 años el pasado 31 de mayo, poco después de haber presentado El intercambio en el Festival de Cannes, pero la edad ha convertido a Clint Eastwood en cineasta infatigable y por encima de la norma. El próximo 20 de febrero se estrenará aquí su nueva película como director, Gran Torino, la última -según ha anunciado- en la que también interviene como actor, y pronto hará realidad la promesa que le hizo a Morgan Freeman (su compañero de reparto en la extraordinaria Million dollar baby): filmar un biopic de Nelson Mandela.
Un ritmo de frenética actividad de un director que lleva años sin dar un Malpaso (nombre de su compañía productora), como vuelve a evidenciar en El intercambio. Todo un ejercicio de cine clásico, también moderno en su depurada sintaxis fílmica, en el que Eastwood fusiona de manera ejemplar géneros como el melodrama familiar y el thriller.
Pero aún hay más. El intercambio traspasa otra frontera y se adentra en el nada cómodo terreno del cine político de denuncia, a partir de una historia basada en hechos reales. En Los Ángeles de finales de los presuntamente felices años veinte, una joven madre soltera, Christine Collins, ve cambiar por completo su existencia cuando su hijo de nueve años desaparece sin dejar rastro.
La búsqueda de la verdad vuelve a convertirse en el eje de este conmovedor y durísimo filme del autor de Mystic River, película con la que guarda evidentes punto de contacto. La trama de El intercambio depara giros imprevisibles que no conviene desvelar y profundiza en temas como la corrupción policial y política, llevada a extremos que hoy pueden parecernos impensables.
El filme disecciona asimismo la vileza de gran parte de una sociedad inmune al dolor ajeno y ahogada en mares de hipocresía y cinismo. Porque en el personaje de Christine Collins (notoria actuación de Angelina Jolie) confluían dos hechos que la situaban en inferioridad de condiciones: ser mujer y madre soltera.
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