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ROMANZO CRIMINALE
 
EL PAIS

Los reyes de la corrompida Roma
 

Cartel promocional de ROMANZO CRIMINALE

Era alarmante y triste la larga sequía del cine italiano. Tenías noticias vagas de él si viajabas a los festivales, pero tampoco allí retenías películas que durasen un poquito en la memoria. Consecuentemente, esos títulos eran difícilmente exportables. Y tampoco el público nativo mantenía no ya la pasión, sino ni siquiera la mínima fidelidad hacia una cinematografía de admirable pasado y presente inexistente. El único creador que despertaba mayoritario interés desde sus inicios dentro y fuera de Italia era ese director tan personal como atractivo llamado Nanni Moretti.

Aunque la añoranza por géneros y personajes como la impagable comedia italiana de los cincuenta y sesenta, varias perlas neorrealistas, un clásico con causa llamado Roberto Rossellini, o gente con un innegable y poderoso universo como Fellini, Visconti, Antonioni, Pasolini y Bertolucci (con éstos se admiten gustos, te pueden fascinar completamente, a medias o nada, gustarte mucho algunas de sus obras y detestar otras) sea eterna, existe algo muy esperanzador en el cine italiano actual y es que películas como Caos calmo, Gomorra, Il Divo o Romanzo criminale puedan entretener, conmover o intrigar a la cinefilia de cualquier parte.

A excepción de Caos calmo, radiografía de un viudo tan desconcertado como roto, las otras tres se centran en la perversa historia reciente o actual de Italia. Gomorra habla con datos terroríficos del corrupto Nápoles de aquí, de ahora y de antes. Il Divo pretende indagar en la maquiavélica personalidad de Giulio Andreotti, en los pactos, maquinaciones, suposiciones, evidencias y tinieblas de un hombre con adicción y proteica voluntad para perpetuarse en el poder, a costa de lo que sea.

Romanzo criminale, dirigida por Michele Placido, un careto reconocible para el gran público por su no muy prestigiosa faceta de actor, describe el proceso iniciático del crimen, del proceso en el que unos críos del lumpen romano evolucionan en el crimen organizado hasta la formación de un imperio, actuando como depredadores con la competencia que representan los mafiosos instalados, haciéndole el trabajo sucio a las alcantarillas del Estado, colaborando en las tenebrosas tramas del turbio y nunca transparentemente aclarado asesinato de Aldo Moro (se lo cargaron las Brigadas Rojas, de acuerdo, pero pudo haber complicidades con los que tendrían que haberlo evitado), actuando directa o indirectamente en la matanza fascista de la estación de Bolonia.

Michele Placido cuenta con fluidez, suspense y complejidad la historia de tres parias que quisieron ser reyes, Libanés, Freddo y Dandy, que lo consiguieron provisionalmente, que rompieron sus códigos de honor y de amistad en nombre de la supervivencia o del ansiado trono. Su esplendor, su crisis y su derrumbe están muy bien descritos. La trama no es nueva, hay situaciones y personajes que suenan a la mejor tradición de gánsteres en el cine estadounidense, pero el espíritu, el comportamiento, la ambientación, la gestualidad de esos soldados, centuriones y emperadores son autónomos, poseen estilo, suenan a verdad. No es una película apasionante, pero sí muy digna, visible y audible.


Fuente: Carlos Boyero – EL PAIS, 24 de Diciembre de 2008

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