LA VANGUARDIA Técnica contra imaginación
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¿Se acuerdan ustedes de que hasta de las curvas de Ana Obregón llegamos a disfrutar en sistema tridimensional? Fue en El tesoro de las cuatro coronas, una joyita trash de los primeros años ochenta, cuando el 3-D contraatacó a discreción. Algunas franquicias de moda (como las terceras entregas de Tiburón y de Amityville, por ejemplo) se apuntaron al bombardeo, a la postre estéril: las gafas seguían siendo tan incómodas y molestas como en la década de los cincuenta, la visión clamaba al oftalmólogo.
Hoy se ha dado la vuelta al calcetín: quienes vieron con gafitas (ya de pasta, no de cartón) Beowulf, de Zemeckis, comprobarían que la técnica ha dado un paso evolutivo everestiano. Y he aquí que este año se anuncia a bombo y platillo el 3-D como el futuro del cine, por lo menos el cine de gran espectáculo: que Steven Spielberg, Peter Jackson o James Cameron preparen blockbusters en este formato es significativo. Sólo falta que las numerosas salas no equipadas con los sistemas de proyección pertinentes se pongan las pilas.
De momento, las que ya lo están nos ofrecen la última fantasía de DreamWorks, Monstruos contra alienígenas, en tres dimensiones.
El resultado es, sencillamente, deslumbrante. En lo técnico, ojo, pues el equipaje argumental de esta película dirigida por Rob Letterman y Conrad Vernon, sin ser despreciable, no anda precisamente sobrado de imaginación. Se han currado tanto el trompe l’oeil que han descuidado no ya la historia (un cruce entre Mostruos SA y Mars attacks!), sino su evolución y su ritmo: véase cómo contrasta la frenética escena central del Golden Tower, pieza maestra de la action movie,con el desmayado tramo final.
Con todo, los guiños a los clásicos de la ciencia ficción (de La mosca a Encuentros en la tercera fase, pasando por la obra del hoy olvidado Bert I. Gordon en la figura de la chica gigante, lo mejor de la función) constituyen pequeños oasis que el aficionado recogerá con satisfacción.
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