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SUGAR
 
El Nuevo Herald

Todo menos dulzona
 

Cartel promocional de SUGAR

Miguel ''Sugar'' Santos es miniastro del béisbol en la República Dominicana, pero a los 19 años ya ha clavado sus sueños de gloria en los Estados Unidos. Lo reclutan para un campamento de las Ligas Menores en Iowa y así comienza su aclimatación a un mundo extraño, a menudo hostil, donde todo es bien diferente de lo que parece a primera vista.

Ryan Fleck y Anna Boden colaboraron en Half Nelson, de bajo presupuesto y elevadas aspiraciones: le ganó una nominación al Oscar a Ryan Gosling, como el joven maestro en lucha contra su adicción a las drogas. En ese debut, los jóvenes cineastas cifraron su inspiración en el estudio de las relaciones humanas, con un estilo que algunos críticos han llamado ''neo.neorrealismo'' y que prosiguen en Sugar.

Después de Half Nelson y en busca de un tema totalmente distinto, Fleck y Boden se enteraron de que casi todos los equipos beisboleros norteamericanos mantienen centros de entrenamiento en República Dominicana, cuna de notables atletas. De esa idea parte Sugar, filme de peloteros en su ambiente, que jamás funciona como un Rocky en preparación de estruendoso partido final. En lo profundo, prefiere observar no a los vencedores sino a los que fallan en el intento.

Algenis Pérez Soto le da incalculable naturalidad a Santos, un buen muchacho confundido por el medio ambiente, empeñado en carpintear una mesa para llevársela de regalo a la madre en su tierra. En Iowa lo recibe un matrimonio de ancianos favorecedores del deporte, con una nieta que se propone la conversión religiosa del recién llegado. Si Iowa lo despista, más tarde Nueva York lo asusta, porque nunca pensó que llegaría tan lejos. El guión mezcla entusiasmo e inseguridad, típicos del joven emigrante: Algenis nunca pensó en ser actor, pero el filme le abre oportunidades.

Fleck y Boden escriben y dirigen una película en español, con ligereza idiomática y perspectiva nada turística. Comparten las ilusiones del protagonista, pero no se dejan tentar por la implícita sacarina del título. Sugar no es amarga, pero tampoco peca de dulzona. De principio a fin, mantiene posición imparcial e inquebrantable: ''Así es la vida''.


Fuente: Rene Jordan - EL NUEVO HERALD, 10 de Abril de 2009

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