EL MUNDO Misterios dolorosos
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Vuelta a los tiempos penitentes de la España nacionalcatólica cuando en Semana Santa sólo se podían programar epopeyas falsamente históricas y falsamente piadosas, crónicas de la Pasión y vidas de santos.
Esta película pertenece a la última categoría: es la hagiografía de Mario Pantaleo, sacerdote italiano que ejerció su ministerio en Argentina, superando en productividad milagrosa a cualquier Virgen celestial o santo terrenal. Llegó a diagnosticar y curó a innumerables enfermos terminales con sólo imponerles las manos y lo hizo con una eficacia rayana en la blasfemia.
¿Pretendía corregir los designios divinos curando incurables a discreción? La cuestión resulta ociosa y se recorren todos los tópicos del género: el cura se enfrenta a una jerarquía resabiada y a científicos ateos pero, con sus sucesivos milagros, conmueve a los pacientes pobres e incultos y también a sus críticos cínicos y prepotentes e incluso enamora a un judas. La música ilustra enfáticamente la enfática planificación.
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