EL MUNDO Penas y amores de Lady G.
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El Oscar concedido al Mejor Vestuario y la candidatura en la categoría de Mejor Dirección Artística son grandes reconocimientos pero, inevitablemente, hacen recelar que la película sea meramente decorativa; por otra parte, la publicidad se había encargado de avisar que "dos siglos separan a Lady Di de su antepasada, pero el escándalo marcó ambas vidas".
En efecto, se trata de un espectáculo tan suntuoso como detallista en la mejor tradición del cine historicista y preciosista británico y, en efecto, se pone mucho empeño en encontrar paralelismos entre las vidas de Lady Diana Spencer y su antepasada Lady Georgiana Spencer, quien en 1774 se casó con el Duque de Devonshire.
Lo malo es que se pretende demostrar que Lady G. fue una adelantada a su tiempo cuando lo que se comprueba es que Lady Di fue un personaje decimonónico: el interés de la heroína es muy relativo y sus penas y sus amores, más propios de una novela rosa que de un melodrama romántico.
Georgiana se tuvo que resignar inicialmente a un marido que sólo la quería para engendrar a un heredero pero se rebeló cuando el Duque hizo ostensible la relación con su amante (al igual que el príncipe Carlos con Camilla Parker-Bowles): entonces se lió la manta a la cabeza y alardeó de independencia y de novio plebeyo (como Di con Dodi Al Fayed).
Las cosas son más frívolas que divertidas, más vistosas que apasionantes y apenas se aclara el contexto histórico, aunque ¿eso le importa al público de este espectáculo?
Lo +: Keira Knightley está permanentemente en pantalla y todo su afán y el del director y todo el equipo es mostrar su encanto.
Lo +: La falta de humor, de mínima ironía, hace añorar a Jane Austen, contemporánea de Lady G. y mucho más moderna.
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