EL MUNDO Espetáculo con relieve
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La parte más beligerante de la gran industria parece decidida a presentar batalla contra la drástica disminución de asistencia a las salas, a la piratería y a otros contratiempos, por un camino ya transitado con anterioridad, casi siempre con un éxito más bien exiguo, como es el de incrementar la espectacularidad del producto a través de una versión mejorada del sistema 3D.
Como casi siempre ocurre con las novedades más sofisticadas de la tecnología, el resultado no depende tanto de la novedad misma, que también, como de que lo que de verdad importa funcione por sí mismo, es decir, que la historia y la manera de contarla resulte suficientemente fascinante y cautivadora, más allá de los alicientes suplementarios del envoltorio.
En este caso, parece incuestionable que los logros técnicos cumplen sobradamente con el cometido de subrayar el espectáculo y que el resto funciona irregularmente bien.
La propuesta tiene mucho de homenaje cinéfilo a los propios orígenes de este sistema de vocación hiperrealista y de colección de citas y parodias de un sinfín de clásicos del género fantástico con situaciones afines a las que se dan en este relato por momentos entretenido y muy divertido, por encima de su evidente dispersión y de la aleatoria conexión entre los episodios.
Tiene mucho de 'La guerra de los mundos', 'Mars attack!' o 'Encuentros en la tercera fase', pero también del desenfado de 'Shrek', diálogos ingeniosos, calculada ambigüedad política y una decidida reivindicación de los valores individuales y feministas.
Lo +: El personaje protagonista y su complicidad con su escatológica pandilla de monstruos, además de la incuestionable perfección formal.
Lo -: El carácter errático del relato, indeciso entre lo apocalíptico y lo pintoresco, sin una verdadera progresión narrativa o dramática.
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