ABC «Goku-mental» en falsete
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Venga, otro videojuego más para la «buchaca» voraz del cine, que a este paso le va a estallar el ácido úrico de tanta endocrinología fast food. Como si no hubiesen tenido bastante con los recientes descalabros de «En el nombre del rey» y «Street fighter», y eso que la casi inédita «Ben X» aplicó un poco de aceite de ricino nutritivo y purgante a su castigado estómago. Aunque, siendo consecuentes, este caso es algo especial, ya que la franquicia manga creada hace dos décadas por Akira Toriyama se resistía a saltar a la gran pantalla, sobre todo porque reunir sus derechos era más complicado que juntar a las siete Bolas de Dragón de marras. Hasta que por fin la Fox se ha liado la manta a la cabeza y le ha confiado el «marrón» a James Wong, cineasta especializado en artes marciales y algo marcianas gracias a su carismática «El único», con Jet Li dentro.
Y, al menos, ha empezado por el principio ya que, mientras los jugones de medio mundo andan enfrascados con la subsaga «Budokai Tenkaichi», centrada en los torneos a lo «Karate Kid», aquí se indaga en el germen de un crecidito Goku al que da vida Justin Chatwin, aunque también podría haberlo hecho, por ejemplo, el hijo mayor de cualquier frutero del barrio con los dedos metidos en el enchufe. Como todos los aficionados sabrán, el argumento, lejanamente tolkieniano, sondea la venganza del chaval ante el asesino de su abuelo y maestro mediante la recolección de las esferas mágicas, que además tienen la particularidad de conjurar a un dragón (¿por qué el séptimo arte hace el ridículo más estrepitoso cada vez que quiere mostrar a estas criaturas?) que de paso concede un deseo como propina.
Aunque el fondillo de la historia sea mitológico y casi con vuelo shakespeariano (como siempre en cualquier videojuego con ínfulas legendarias), lo más simpático de la película es que reposa mansamente en el escaparate de la misma juguetería que «Power rangers», «Tortugas Ninja», «Zu warriors» y otras cucamonas kitsch que gustan a pequeños y, sobre todo, a medianos con el bigote pelusero «friqui» y el trasero algo «torcido» al comprobar los escotazos que gastan algunas guerreras orientales (en especial la tal Chichi, ejem), y eso que la que mejor parada sale del envite es la «paradita» Emily Rossum.
Sólo la retranca de Chow Yun-Fat como maestro Mutenroshi parece captar el auténtico espíritu burlón de una peliculita con voz, más que atiplada, «apitufada» y que mucho nos tememos no desplazará al «Super Mario Bros» de Bob Hoskins en el ranking de adaptaciones rocambolescas y míticas.
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