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ESPÍAS EN LA SOMBRA     Calificación:   ★★
 
ABC

La Resistencia, sin género de dudas
 

Cartel promocional de ESPIAS EN LA SOMBRA

Algún despistado podría pensar que la película está relacionada con la actualidad más o menos local, cuando en realidad cuenta la aventura, con tintes dramáticos, de un puñado de mujeres que arriesgaron sus vidas durante la Segunda Guerra Mundial, del lado de los «buenos», como es natural, y al grito de nosotras parimos, nosotras guerreamos. El ramillete de heroínas es, por otro lado, de los que uno no se encuentra a menudo en el mismo vagón del metro. Como las trece rosas de Martínez Lárazo, nuestras chicas son inusualmente atractivas, empezando por la ya madurita Sophie Marceau, de cuya visita a nuestro país todavía nos acordamos quienes tuvimos la suerte de poder entrevistarla.

Puestos y dispuestos a encontrar nuevos héroes, que se reivindique la figura de unas cuantas féminas valerosas, por más novelada y menos anclada a la Historia que esté la trama, siempre es oportuno. Pero Jean-Paul Salomé, director y guionista, empieza a sembrar dudas desde las primeras escenas de acción, ante las que se muestra impreciso (aunque no tanto como la puntería de los alemanes), y deja numerosos cabos sueltos, y hasta algún sargento, casi en cada requiebro de la historia. El tono general de la narración, por otro lado, cambia de estado de ánimo sin criterio aparente. Así, el reclutamiento de las voluntarias casi forzosas parece un remedo de «Doce del patíbulo», pero sin asomo de la indiscutible gracia que tenía la cinta de Robert Aldrich, que sabía mejor en qué terreno jugaba. Un somero repaso a los orígenes de las chicas, sin embargo, puede ayudar a fomentar la risa: una viuda francotiradora, una corista cariñosa, una prostituta sanguinaria, una experta en explosivos (porque venía bien) y una condesa italiana alistada en la Resistencia conforman el variopinto equipo que supuestamente deberá allanar el camino para el desembarco de Normandía, después de inventarse a un pobre geólogo inglés cuya captura da origen a todo el conflicto.

Luego hay detalles de guión que directamente no se explican, el complot es más chapucero que la misión imposible de Tom Cruise en «Valkyria» y el estatus de estrella que se le concede a la guapa Sophie sería hasta defendible si se ciñera a la asistente personal, al tamaño de su caravana y al miedo del montador a cercenar sus mejores planos, pero que los nazis la torturen con más delicadeza y menos lujuria que a su compañera Déborah François, por ejemplo, raya lo sobrenatural, y dudamos que haya contrato o guión que lo justifiquen. Son sólo detalles, que se acumulan con sorprendente profusión a lo largo del filme. Pero no nos quejemos demasiado. El mero hecho de que se estrenen dos películas francesas en la misma semana (y ninguna es una secuela de sus franquicias más conocidas) debería ser motivo de santo alborozo, sobre todo cuando nos permite alternar a tanto monstruo y alienígena de la cartelera con estas superheroínas de carne y hueso. Y qué carne y menuda estructura ósea mantienen las chavalas. Pedir más sería pecado.


Fuente: Federico Marín Bellón - ABC, 10 de Abril de 2009

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