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ABC
EN UN MUNDO MEJOR   Calificación:   ★★★★

Sobre heridas y vendas


Cartel Promocional de EN UN MUNDO MEJOR

Este título anhelante, en un mundo mejor, también podrían haberlo llevado algunas de las películas que no ganaron este año el Oscar en lengua no inglesa, como «Biutiful» o «Incendios», pero es ésta, que firma la directora danesa Sussane Bier, la que tiene este título y la que ganó justamente ese Oscar. De un modo sencillo pero abrumador, la directora plantea las dudas sobre ese «mejor» del título al depositar el punto de vista en un personaje, un médico, que ejerce su trabajo en la precariedad de un poblado africano pero tiene a su familia en la «comodidad» de un pueblo danés, aunque su matrimonio se disuelva y su hijo mayor refleje unas carencias sentimentales de proporciones dramáticas... ¿cuál mundo es el mejor?..., ¿cuál es más insuficiente y frágil?..., ¿Cuál más violento y asfixiante?...

 

La mirada de Sussane Bier a su historia es muy próxima y cálida, amoldada por completo a los sentimientos de los personajes, tan desbordados y contenidos a la vez que consiguen ese intrigante efecto de explosión silenciosa. La relación de ese médico con sus pacientes (la mayoría niños y mujeres víctimas de la crueldad humana y ambiental), su relación con la mujer preterida y el hijo descolocado y víctima de abusos escolares, su relación tan extrema y radical con (contra) la violencia..., y el contraplano de esa historia, visto desde una perspectiva infantil, donde la ausencia de la madre o del padre, la crueldad, la inestabilidad o el desequilibrio se manifiestan como por un megáfono.

 

Hay un enorme equilibrio moral y visual en la trama y la pantalla, y la ética y la fotografía pugnan por establecer un terreno sólido entre los cerca y los lejos, los arriba y los abajo, los mejor y los peor. Escenas duras en las tripas de África y aún más duras en el corazón de la Europa más acondicionada, y de un modo sorprendente Sussane Bier consigue un clima de calma tormentosa en todas las interpretaciones, en especial en la de Mikael Persbrandt (el médico) y los niños William Johnk Nielsen y Markus Rygaard, cuyo modo de enfocar los «problemas» que les rodean le dan un toque de intriga casi «gore» a este tablero de afectos y emociones.





INVASIÓN A LA TIERRA   Calificación:   ★★

Serie B vitaminada


Cartel Promocional de INVASION A LA TIERRA

El momento histórico en que los marcianos (por simplificar) pasan de ser invasores a posibles compañeros de Facebook para convertirse de nuevo en enemigos mortales dice mucho de la época que nos toca vivir. Jonathan Liebesma apela al espíritu de los viejos títulos de los cuarenta y cincuenta. Ya es casualidad que su invasión comience con unas imágenes apocalípticas en Japón, aunque luego la acción se concentre en la trinchera americana, instalada esta vez en Los Ángeles, que para eso pagan.

 

Desde el principio, la película recuerda a las entrañables chapuzas que se rodaban al calor de los primeros ensayos nucleares, sea esto entendido como virtud. Algunas de ellas alcanzaron el grado de obra maestra gracias a su derroche de imaginación y calidad narrativa. «Invasión a la Tierra», con un reparto casi lujoso y desde luego efectivo, hace algún guiño a aquella forma de rodar, sintética y sugerente.

 

Demasiado pronto, sin embargo, sus formas pasan a ser menos sutiles y la chulería de billetera se impone. Al siempre apropiado Aaron Eckhart le toca incluso soltar algún tópico discurso destinado a alterar la epidermis del espectador sensible.





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